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22/01/2006

Crónicas de Angola. A manera de introducción.

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Muchas de las crónicas que aquí aparecen nacieron en Angola, en el fragor del cumplimiento de la misión, las otras fueron rehaciéndose en Cuba a lo largo de los últimos 30 años.

Siempre soñé con escribir sobre ello, pero nunca encontraba el tiempo o la clave mágica para poder empalmar los acontecimientos. Recuerdo y agradezco mucho las sugerencias que al respecto me hicieron el general de brigada Willian Gálvez y el investigador Froilán González: escribir, escribir y escribir.

En el año de 1994, las puertas para volver a recorrer los escenarios de la guerra de Angola se abrieron. El Ministro de las FAR, general de ejército Raúl Castro Ruz, nos invitó a mí y al equipo de la televisión, para realizar tres documentales: Neto, Tata Mucusi (1), sobre la vida y obra del creador de la República Popular de Angola, a quien conocí, otro sobre los lugares donde descansaban los restos de los cubanos caídos en esa misión y un tercero sobre los emplazamientos que ocupó el Frente Norte desde su llegada a Luanda y hasta la provincia de Uige.

Pero el destino nos jugo una mala pasada. Cuando nos habíamos terminado de preparar y profilactar médicamente y ya listos para partir el Ministro nos advirtió de cambios que se habían producido en ese país tras la firma de la “paz” entre la UNITA y el MPLA, que imposibilitaban, o según sus palabras, “aconsejaban no ir, al menos por ahora”. Ese al menos lo seguimos esperando.

De la crónicas guardo especial devoción por el combate de San Salvador y el nacimiento de mí hija, por eso acción se me otorgó la Orden al Mérito “Pedro Soto Alba”, que otorgaba el Consejo de Estado a propuesta del Buró Nacional de la UJC, y sin dudas el orgullo y la alegría de ser padre.

De mis compañeros sé muy poco, a ratos veo a William, el mexicano cuando vienen a las ferias tuneras con el “Mariachi Cuba”. A Kindelán lo perdí de vista en 1985 cuando nos encontramos en Santiago; con Valle Lazo, hoy general de brigada, lo visité en dos oportunidades; del resto nada sé.

Por su puesto que muchas cosas importantes han quedado. Esas merecen unas reflexiones independientes. De ellas se podría hablar de Radio Nacional, Las Cataratas de Braganza y de los caídos, los que permanentemente están en mí corazón; muy especialmente Willian Soler Valerino, joven combatiente bayamés de apenas 22 años, que cayó en mis brazos y de quien me tocó informar sobre su muerte a un hermano que operaba en la frontera con Zaire.

Domingo, 22 de Enero de 2006 16:01 Autor: Lic. Alfonso Naranjo Rosabal Cubava. Cuba Va. Tema: Historia. Hay 1 comentario.

Crónicas de Angola. Capitulo I: Manjuarí y los días del Bahía de Cochinos...

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Mujeres con niños en brazos; hombres con los puños en alto; lágrimas y consignas revolucionarias, fue lo que encontramos al paso por el pueblito de Minas, que nos despedía a lo largo de la calle principal. Una voz desentonada comenzó el Himno de Bayamo que culminó con todos, al dejar las últimas casa de ese pedazo de geografía camagüeyana, y sumirnos en el más absoluto silencio.
Cerca de la madrugada comenzamos, en una interminable fila, a subir por la escalerilla del “Bahía de Cochinos”(2). La maniobra fue rápida. Los cabos comenzaron a soltarse y la gran mole de hierro inició su encuentro con la historia.

La fría brisa de invierno golpeaba los rostros de todos los que permanecíamos de pie en la cubierta para ver las últimas siluetas del gran caimán antillano. Nadie se movía, y adivinar en los rostros de cada uno, lo que pensaba, resultaba tarea fácil: la casa, los seres queridos; el barrio; los amigos, y la recordación, quizás de nuestros últimos días en la patria.

Recostado en una de las barandillas de popa, analizaba la situación en que había dejado mí casa de recién casado. Francamente, el miedo a morir tan lejos me pasó por la cabeza, perro estaba allí por plena voluntad y convicción. Me vi en medio de la selva, tirado de bruces, con el vientre perforado y rodeado de animales salvajes que a dentelladas me devoraban.

Quizás fueran las dos de la madrugada cuando en pequeños grupos acudimos a los improvisados camarotes en la misma panza del “Bahía”. El sueño no llegaba, quería conversar, pero no me sentí autorizado a romper la privacidad del vecino. Días después, y ya en Luanda, todos comentamos que esa primera noche nadie durmió: estábamos en casa.

El amanecer nos sorprende con una llamada urgente del secretario del Comité UJC del regimiento, del cual yo era su primer sustituto. El ulular de las sirenas y el despliegue de tropas en cubierta nos parecía el primer síntoma de una comprobación de la preparación combativa. Lanchas rápidas y una avioneta de la armada de los Estados Unidos nos asediaban con intenciones de pocos amigos, pero, como en idénticas ocasiones posteriores, la nave jamás se detuvo, ni desvió el rumbo.

Cuando nos encaminábamos a toda prisa al salón de reuniones del capitán, la compañía de seguridad estaba lista para entrar en acciones si la situación lo requería

Ya en la gran sala estaban presentes todos los oficiales de la jefatura. Melquíades González, el comandante campesino de la Sierra Cristal, nos explicó la situación operativa: “ Sabíamos que esto sucedería. Estamos casi a la altura de Puerto Rico y allí hay enclavadas poderosas bases enemigas, recuerden, acotó Melquíades, la orden que nos dio el Comandante en Jefe: ni parar, ni virar, ni dejarnos abordar. Volar el barco si nos vemos perdidos, que no lo espero. Infundan a las tropas de ese animo y ¡listos para combatir!

Trabajamos de inmediato con los militantes partidistas y juveniles, pero no fue necesario llegar a los límites. Al cabo de varias horas, tras el cese de aquel espectáculo cirquero que en los partes militares se reconoce como provocaciones, los jóvenes se volvieron a reunir solos, sin ser convocados, para dar a la dirección de la Juventud Cubana a bordo, la única respuesta posible: ¡llegaremos!.

Los días en el Bahía de Cochino, eran normales de campaña, se iniciaban a las cinco de la madrugada con el toque de campana.

En el atlántico, los amaneceres se tornan siempre fríos y grises. Con el de pie comenzaba el rito habitual: aseo personal. Toda una odisea con las letrinas improvisadas en las barandas de estribor, que en los días de mal tiempo, y fueron varios, se tornaban dantescas para tratar de defecar. Si no te aguantabas, te caías contra las planchas de acero y si te descuidabas un tin, al mar.

El desayuno y tareas de preparación, ocupaban la mañana, mientras la tarde la consumíamos con música o películas. La noche...Para pensar, y recordar.

Pero...Para los que como yo se marearon desde el mismo cruce del Paso de los Vientos, esto se convertía en un verdadero suplicio. Caminar era dificultoso, estar acostados o ingerir alimentos, torturas.
Subir tres o cuatro veces al día a la casete del telegrafista, en el mismo Puente de Mando, era como estar en el mismo infierno; pero había que ir y grabar programas radiales para difundirlo por los altavoces, con las instrucciones del día, noticias frescas de Cuba y aprendizaje del idioma. Al terminar prefería permanecer allí y no tener que bajar los cuatro pisos.

Uno de esos días nos sorprendió el cruce del meridiano cero. Al pasar por este punto los marinos, desde épocas remotas, tienen la tradición de lanzar al agua a todos los novatos y bautizarlos con nombres de la fauna marina. A todos no se podían tirar, por lo que se utilizaron potentes mangueras con agua salada: Desde el Puente de Mando salió la mítica figura de Neptuno, Rey de los mares, que dirigía la operación. Con mí debilidad de días de vómitos, al primer manguerazo poco faltó para parar al mar. Manjuarí fue mí nombre dado por Neptuno.

Al llegar allí, prácticamente comenzábamos a bordear las costas de África e islas adyacentes con Ascençao, Sao Tome, Pagalu. Angola, estaba a las puertas luego de 16 días de travesía, entre vómitos, diarreas y fuertes mareos.

Domingo, 22 de Enero de 2006 15:49 Autor: Lic. Alfonso Naranjo Rosabal Cubava. Cuba Va. Tema: Historia. No hay comentarios. Comentar.

21/01/2006

Crónicas de Angola. Capitulo II. Quinfangondo,N´Dalu y Belén.

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Luanda, desde el mar, semeja una ciudad amurallada. Sus altos morros, sus colinas, imprimen al hermoso paisaje de mar, un distintivo muy particular.

Desde allí es fácil comprobar los vestigios de quinientos años de coloniaje impuesto por los portugueses que llegaron a estas vírgenes tierras del África en 1482. El hecho de las migraciones tribales que se iniciaron con la misma conquista desde el norte y el sur, se palpa caminando sus calles adoquinadas y rodeadas de las más disímiles variedades tropicales de nuestra flora.

A lo largo del siglo XIV se instauran una serie de reinos en el norte de Angola, de los que sobresale por su eficaz y extensa organización administrativa, el Reino Congo. Un siglo más tarde, en 1483, cuando los navegantes portugueses llegan a las costas de este reino, está en pleno florecimiento y expansión.

Inmediatamente, inician provechosas relaciones comerciales entre los reinos Congo y de Portugal y tras la aceptación del cristianismo por parte de la aristocracia congo se incrementa estas relaciones, muestra de las cuales es el hecho de que los hijos de la realeza comienzan a ser educados en la capital lisboeta. Pero esta relación entre iguales no dura mucho y cuando los portugueses inician su comercio de esclavos en territorio congo, comienza su deterioro que acabará por enfrentar a ambos Estados hasta la ocupación y dominio político de los portugueses sobre una extensa superficie de Angola.

Se estima que más de un millón de sus habitantes fueron esclavizados y enviados a Brasil durante los siglos XVI y XVII. La abolición formal del comercio de esclavos en 1836 y la pérdida de Brasil llevó a los portugueses a intensificar y centrar sus intereses coloniales en otros territorios, Angola.
Pero mucho antes, hacía el siglo XIII se estableció en el norte del país, en la margen izquierda del Río Zaire, el grupo étnico Kicongo, al que se unieron sucesivamente otras muchas tribus. Para entonces la capital estaba muy cerca de la actual ciudad de Dondo, al sur del país.

Luego de evacuar la técnica de la panza del “Bahía”, atravesamos, temprano en la mañana esa urbe con rumbo a Quinfangondo, un pequeño poblado a 20 kilómetros de Luanda, entre la playa de Cacuaco y Funda. Saliendo del Puerto, como lo hicimos, se llega a él por una carretera que serpentea toda la orilla del mar hasta llegar a la elevación donde está enclavado el pueblito. En ese punto la carretera forma una “Y”, dividiéndose en dos: una par Caxito, donde existe un central azucarero, y otra que sigue para el poblado de Funda.
Nuestro primer campamento resultó una marmolera, cercana a una antigua base de la OTAN, un poquito más al norte buscando el Cerro de Cal.

Por esos días el calor era sofocante, y al caer la noche los mosquitos protagonizaron el primer combate de la recién instalada tropa.

A la logística le faltó calcular para las noches quinfangodianas, mosquiteros de campaña... Pero ¡ay del cubano que no invente!, en eso somos proverbiales.

No miento si digo que eran oleadas de mosquitos. ?Cómo hacer esas noches de calor y plagas, más placenteras?

Las innovaciones e inventivas llegaron con los “aniristas” de Bayamo que integraban el Pelotón de Seguridad. Cubrieron las camas, tipo casa de campaña, con las frazadas soviéticas, los mosquitos se evadieron, pero, ¿qué hacer con el calor?. Salían los orgullosos bayameses sudando a raudales.

Miguel, siempre dispuesto desde los días del polígono de Paso de Lesca, dio la solución cerca ya de la media noche.

-Caballeros, vamos a mojar las frazadas y las sabanas.

Y así fue, no cogimos tuberculosis de milagro.

La experiencia duró dos meses hasta que ante el reclamo llegaron desde la isla.

En Angola las temperaturas oscilan entre 40 y 43 grados Celsius, realmente insoportable para nosotros que con 35 se acaba el mundo. Pero no solo esto, los aguaceros duran días, en el norte lo pude comprobar. Cosas de las latitudes y longitudes. Cosas de natura.
En el Quinfangondo donde nos encontrábamos, los días comprendidos del 23 de octubre, cinco, diez y quince de noviembre del año anterior, se protagonizaron violentos combates que dieron al traste con el deseó de las bandas de Holden Roberto (3) y Jonás Savimbi (4) de tomar Luanda y frustrar la independencia de la nueva República Popular de Angola.

En estos combates se estrenó nuestra artillería reactiva, “Las Cachitas”, esas máquinas de guerra montadas en camiones ZIL con cuarenta tubos que lanzan proyectiles reactivos y hacen verdaderos destrozos donde caen. Ellos hicieron retroceder al enemigo. Tal fue el pánico que se desató en las filas contrarias después de la actuación de ellas, las legendarias BM 21 (5), que la avanzada, situada junto al puente de la Laguna Panguila, al retirarse, ni siquiera atinó a volarlo, lo que por su puesto facilitó posteriormente el avance de nuestras tropas en dirección norte.

En la batalla de Quinfangondo, el enemigo sufrió más de trescientas bajas entre muertos y heridos y perdió entre 30 y 40 por ciento de sus carros blindados. Prisioneros capturados y entrevistados por nuestra inteligencia militar, a cuyas actas tuve acceso por cuestiones de servicio, declararon que al caer los proyectiles de las BM 21, corrieron incluso hasta los jefes de las unidades atacantes, cuestión muy significativa, pues fueron precisamente esos jefes quienes habían emitido solo unos días antes la orden de fusilar en el acto a cualquiera que retrocediera.
En marzo visitó nuestra unidad el Comandante N´Dalu, moreno alto, de ojos inquisidores y hablar jacarandoso. Había estudiado en nuestro país, ocasión en que figuró como miembro del equipo nacional de balompié en varios eventos internacionales. N´Dalu, formaba parte de una masa de jóvenes que se superaba en otros países para luego servir mejor a su patria.

Esa mañana el capitán Wilfredo Domínguez Kindelán, Jefe del Regimiento de Infantería Motomecanizado, se encontraba en la Misión Militar Cubana en la localidad de Futungo, por lo que tuve que dar el primer saludo a Antonio Dos Santos Franca y agradecer su donativo de un balón para la práctica del fútbol.

N´Dalu se dirigió al portón, al lado del limondeiro, hizo gestos en el aire y por fin nos dijo: “ Allí en aquel refugio se instaló el Puesto de Mando Conjunto Cubano-Angolano para la batalla de Quinfangondo, fueron cruentos combates, pero siempre se impuso la lógica y el patriotismo”.

A la platica ya se habían acercado un grupo de trabajadores políticos, mientras el Jefe del Estado Mayor regimental, mayor Planas Vega, ocupaba mí lugar de anfitrión.

El comandante FAPLA con su sonrisa característica, aún en momentos difíciles, nos condujo por los vericuetos de la guerra y nos dio su significado de Quinfangondo como hecho de armas.

“Primero, expresó secándose el sudor con las manos, por primera vez las tropas cubanas y angolanas actuaron juntas, logrando una victoria rápida, que permitió el traslado para reforzar el frente sur, como el caso de la primera compañía de ropas Especiales del Ministerio Cubano del Interior, que luego estuvo victoriosa en Ebo. Y segundo, el pueblo ratificó su convicción de que cuando se lucha por su liberación, la victoria es siempre posible. Además y muy importante, se materializó el internacionalismo en su forma más pura, a la vez que la moral de los fantoches y mercenarios se deterioró”.

“Por ejemplo,-retomó el dialogo, después de dirigir el brazo en varias direcciones, como si estuviera frente a un gran mapa, ante una decisión de batalla- en el combate del día 9, el enemigo realizó fuego exploratorio con una pieza de 140mm, que hacía disparos en varias direcciones. Nuestra apreciación para entonces fue que se encontraban en el preludio de un ataque aún más fuerte que los anteriores, y así fue. A las 04.30 horas del día 10, comenzó la preparación artillera, que mantuvieron hasta poco después de las 09.00 horas, cuando se decidieron a iniciar el avance de la infantería, precedida por los blindados, casi al descubierto, por lo que fuimos batiéndolas de forma escalonada; pero ellos recibían tropas frescas que concentraban en aquella granja avícola, maniobra que nuestros exploradores descubrieron de inmediato”.

“Fue entonces cuando las BM 21 entraron en acción por primera vez en este país, con una batería que llegó el día anterior vía marítima. La primera salva se hizo contra la altura del Cerro de Cal y sus inmediaciones, con lo que se silenció el fuego de la artillería enemiga, mientras que la segunda y tercera salvas se lanzaron sobre la granja avícola, donde ,- como dije- estaba concentrada la tropa de refresco. El corre-corre fue grande, y el ¡ay mí madre!, se escuchó en Cunene”.

Las visitas de N´Dalu siguieron hasta el mes de junio, cuando partimos en importante misión al Frente Norte.

Finalizada la ofensiva en todos los frentes de guerra, a nuestro regimiento, que había permanecido como reserva del Jefe de la Misión Militar Cubana en Angola y del Alto Mando de las FAPLAS, se le dio la responsabilidad de la defensa y seguridad de la capital angolana.

Entre añoranzas, deseos de estar en la primera línea y viajes diarios a Futungo de Velas, transcurrieron los días.

De Cuba traía la encomienda de localizar a una vieja amiga de la familia, que desde 1970, luego de graduada de arquitecta, se casó con un joven Angolano estudiante de derecho. Desde entonces la obsesión por encontrarla había sido dilema de cada día. La rua José Pereira Do Nacimiento número 15 jamás pude encontrarla, pero las casualidades son casualidades.

Cierto día de mayo, realizando la ruta obligada de cada jornada: Quinfangondo, Luanda, Futungo, decidimos transformar el recorrido. Pancho, un abesado motorista mayaricero y yo, convinimos en recorrer el casco histórico.

Las calles marcadas cerca del museo y la iglesia Nuestra Señora de Fátima, con sus calles adoquinadas, envueltas en cocoteros y olor a salitre, de edificios coloniales con abundancia de estilos: bizantino, jórico, dónico en sus eclécticas construcciones, fue el lugar elegido para visitar.

En eso estábamos, cuando una joven, salida del cielo, con la gracia sólo permitida a las mujeres de mí tierra, hizo su aparición por un costado de la Santa Fátima. Solo una cubana sería capaz de esa envoltura. Pancho, jodedor, dicharachero, al estilo de los que abunda en su Mayarí, lanzó en “cubano puro”, sin adobes castellanos, un piropo donde mezclaba lo mejor de nuestra jerga pueblerina. Cuando me pasó por delante y se detuvo un metro más allá para retratarnos, identifique a mi buena Belén, que tanto había buscado, y que no veía desde 1969.

Luego de estar segura y ya con lágrimas imposibles de limpiar, me preguntó si era el hijo de Ramona y Alfonso. Un abrazo largo fue toda mí respuesta. Ver a un ser querido, un amigo o simplemente un conocido a 12 mil kilómetros de la tierra, no es cosa de juegos.

Su pelo no era el mismo castaño claro que conocí en el Cueto de su adolescencia, ni en la escalinata de su juventud; su boca despedía un hálito desconocido para otros, pero para nos, era el simpático gorrión.

La cita quedó pactada para el domingo siguiente en la calle José Texeira y no Pereira,- ahí radicó la confusión- y pensar que le pasé por delante muchas veces.

Dos días después, Chacón, el Secretario de la UJC, nos encomienda la tarea de elegir 25 militantes destacados en todas las unidades del regimiento, para que esa noche, como estimulo, asistieran a la premier de la Jornada de Cine Cubano en Angola.

La cartelera se componía de una intervención de un especialista de ICAIC, cuyo nombre no recuerdo, y el estreno del documental MAKEVA, siguiéndole para concluir, el filme Las Doce Sillas.

En Angola; como antes en Cuba,-los cines cuentan con intermedios entre películas, por eso, al finalizar MAKEVA(6), salimos a fumar y conversar. A un lado, rodeado por militares y civiles angolanos y cubanos, estaba el Jefe de la Misión Militar Cubana, comandante Abelardo Colomé Ibarra y su segundo, el también comandante Rogelio Acevedo González.

Una mano femenina tapó mis ojos y luego azuzó los cabellos, era Belén. Esa noche me pareció verla más hermosa y contenta que 48 horas antes. Me invitó a seguirla para presentarme a su esposo que ahora conversaba con Colomé. Mí saludo y presentación traté de hacerlo en perfecto portugués.

-Bon noite camarada, muito contento de falar y coñocer a bose-. No me dejó concluir, entre risas me dijo. “- No chives primo, hablemos español que te es más fácil. Ah , mí nombre Paulo Jorge, y estoy a su entera disposición”

No se si fue miedo, pánico, pena o rubor lo que sentí al saber de quien se trataba. Trigueño, calvo y con ademanes sencillos, Paulo era el jefe de la diplomacia del gobierno de Neto y secretario para las relaciones internacionales del Movimiento Popular de Liberación de Angola, MPLA. Fue él quien durante 1975 expuso ante el mundo los verdaderos objetivos de Zaire y su camarilla fantoche.

Su voz había resonado en noviembre en las Naciones Unidas denunciando la invasión de tropas zairotas y sudafricanas en varios puntos del país. Estudió en Cuba y pasó junto a Belén cumpliendo importantes misiones del MPLA, tanto en las selvas angolanas, como en el exterior.

Sábado, 21 de Enero de 2006 15:39 Autor: Lic. Alfonso Naranjo Rosabal Cubava. Cuba Va. Tema: Historia. No hay comentarios. Comentar.

07/12/2005

Luis Posada Carriles, el otro Callan...

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El presidente cubano retomó hace unos días la palabra mercenario, que sirve para nombrar, al menos en los países de habla española a todos aquellos que por encargo se dedican a realizar, todo tipo de actos vandálicos, repudiados por la humanidad.

Digamos que los conozco muy bien. En África entre el año de 1975-76, lidié con este tipo de empleado a sueldo; allí en la tierra de Agustino Neto, estuvo Costa Georgiu, alias Callan, ingles nacido en Chipre y sus hombres, que por unas pocas monedas fueron capaces de masacrar aldeas completas por el solo motivo de ser simpatizantes del Movimiento Popular de Liberación de Angola y diría que no-solo por eso, sino más que por eso, por el dinero que los regímenes de Mobuto en Zaire y del Apartheid de África del Sur recibían por la encomienda de eliminar todo vestigio revolucionario en el continente más rico y más sufrido del planeta.

Fue tal sus descaro que cuando el compañero Raíl Valdés Vivó, hoy rector de la Escuela Superior del Partido Comunista de Cuba, le pregunta que habría hecho si el MPLA le hubiese pagado 300 libras esterlinas por semana, le replicó: “Pasarme al MPLA”.

Lo mismo sucedió con idéntica pregunta al también mercenario británico Colyn Clifford Evans, quien contestó a Valdés Vivó contra otra pregunta: “¿Quién va a rechazar una mejor paga?

Así mismo contestó el norteamericano Danny Gearhart, al interrogarlo si por doble salario estaba dispuesto a dejar el Frente Nacional de Liberación de Angola, del cuñado se Mobuto, Holden Roberto, a lo que dijo: “Of course, sir”.

Al final, a la hora de la verdad, los valientes soldados de fortuna, enfrentaron el peloteen de fusilamiento por sus crímenes de lesa humanidad, como lo que realmente fueron, unos miserables, como en definitiva lo son todos los que matan por dinero.

Así esta sucediendo ahora, a Posada Carriles, no saben como nombrarlo, al menos en Miami: luchador por la libertad; el guerrero, líder anticastrista, etcétera, etcétera.

Me acabo de enterar que el gobierno de los Estados Unidos, el paladín de “ los derechos humanos y de la lucha contra el terrorismo ”, acaba de decir que no entregara a Luis Posada Carriles a la República Bolivariana de Venezuela, porque el expediente que solicita la extradición está incompleto. Que falta de respeto a las víctimas y los familiares de la víctimas de los cientos de actos terroristas que este señor, el Bambi a realizado en varias partes del mundo.

Es como se al Callan de mí historia inicial, capaz de matar a su pelotón integro por no querer seguir masacrando al pueblo angolano, el Tribunal Internacional que lo juzgó hubiese planteado falta de pruebas por parte de Angola, y hubiese sido exonerado de todos sus repudiables crímenes.

Es tanta la desfachatez del gobierno de los Estados Unidos, que desoyen al menos en apariencias, las pruebas que durante todos estos días les ha dado el presidente Fidel Castro, o las nuevas pruebas aportadas por la valiente periodista venezolana Alicia Herrera.

El Comandante en Jefe ha llamado a desenmascarar todas las trampas del imperio, destruirles ante la opinión pública internacional sus desvergonzados e irrespetuosos argumentos, los cuales son reflejo de lo enredados que están en sus propias mentiras.

Estoy seguro que el pueblo estadounidense, como ocurrió en los casos de la guerra de Viet Nam, la liberación de Angela David y del secuestro del niño Elián González, es el que decide, porque llegará el momento en que se de cuenta, como lo hizo en esos casos, de lo injusto que resulta el amparo que dan las autoridades de EE.UU. al más conocido criminal del continente.

Al pisotear los derechos humanos y despreciar las leyes y los tratados, la Casa Blanca está faltando a la verdad y al compromiso con el mundo de luchar contra el terrorismo, como expresará hace unas horas el líder de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Mucho me satisfizo las declaraciones de varios congresistas norteamericanos entre ellos José Serrano, partidario de no permitir que Posada Carriles permanezca en Estados Unidos. En el mejor de los casos, ha manifestado, debe entregarse a Venezuela.

O los de Cynthia McKinnie, quien ha sido extremadamente clara al criticar el doble rasero del Gobierno a la hora de considerar a los terroristas, y ha exigido la necesidad de predicar con el ejemplo en la lucha contra el terrorismo.

Costa Georgiu, alias Callan, murió como lo que fue en la Base de Gran Fanill, en Luanda en febrero de 1976, se resistió a la muerte, a la que él había provocado en cientos de africanos durante varios meses en que permaneció a las ordenes de Holden Roberto.

La historia de África esta llena de estos matones, recuérdese como los “gansos salvajes” del ex--_coronel británico Michael Hoare, ayudaron al asesinato del líder congoleño Patricio Lubumba.

Y como este mismo personaje y sus “gansos” dieron una imborrable lección de salvajismo, con el asesinato en masa al tomar Stanleyville, la Lídice africana.

A Luis Clemente Posada Carriles, Orlando Bosch, y toda su caterva de asesinos a sueldo morirán como Callan, ridículos y cobardes, pobres y olvidados. Pobres diablos, desde 1976 no han aprendido a definir la frase de Fidel: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”. La justicia llegará.

Miércoles, 07 de Diciembre de 2005 18:15 Autor: Lic. Alfonso Naranjo Rosabal Cubava. Cuba Va. Tema: Antiterrorismo. No hay comentarios. Comentar.


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