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Crónicas de Angola. Capitulo II. Quinfangondo,N´Dalu y Belén.

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Luanda, desde el mar, semeja una ciudad amurallada. Sus altos morros, sus colinas, imprimen al hermoso paisaje de mar, un distintivo muy particular.

Desde allí es fácil comprobar los vestigios de quinientos años de coloniaje impuesto por los portugueses que llegaron a estas vírgenes tierras del África en 1482. El hecho de las migraciones tribales que se iniciaron con la misma conquista desde el norte y el sur, se palpa caminando sus calles adoquinadas y rodeadas de las más disímiles variedades tropicales de nuestra flora.

A lo largo del siglo XIV se instauran una serie de reinos en el norte de Angola, de los que sobresale por su eficaz y extensa organización administrativa, el Reino Congo. Un siglo más tarde, en 1483, cuando los navegantes portugueses llegan a las costas de este reino, está en pleno florecimiento y expansión.

Inmediatamente, inician provechosas relaciones comerciales entre los reinos Congo y de Portugal y tras la aceptación del cristianismo por parte de la aristocracia congo se incrementa estas relaciones, muestra de las cuales es el hecho de que los hijos de la realeza comienzan a ser educados en la capital lisboeta. Pero esta relación entre iguales no dura mucho y cuando los portugueses inician su comercio de esclavos en territorio congo, comienza su deterioro que acabará por enfrentar a ambos Estados hasta la ocupación y dominio político de los portugueses sobre una extensa superficie de Angola.

Se estima que más de un millón de sus habitantes fueron esclavizados y enviados a Brasil durante los siglos XVI y XVII. La abolición formal del comercio de esclavos en 1836 y la pérdida de Brasil llevó a los portugueses a intensificar y centrar sus intereses coloniales en otros territorios, Angola.
Pero mucho antes, hacía el siglo XIII se estableció en el norte del país, en la margen izquierda del Río Zaire, el grupo étnico Kicongo, al que se unieron sucesivamente otras muchas tribus. Para entonces la capital estaba muy cerca de la actual ciudad de Dondo, al sur del país.

Luego de evacuar la técnica de la panza del “Bahía”, atravesamos, temprano en la mañana esa urbe con rumbo a Quinfangondo, un pequeño poblado a 20 kilómetros de Luanda, entre la playa de Cacuaco y Funda. Saliendo del Puerto, como lo hicimos, se llega a él por una carretera que serpentea toda la orilla del mar hasta llegar a la elevación donde está enclavado el pueblito. En ese punto la carretera forma una “Y”, dividiéndose en dos: una par Caxito, donde existe un central azucarero, y otra que sigue para el poblado de Funda.
Nuestro primer campamento resultó una marmolera, cercana a una antigua base de la OTAN, un poquito más al norte buscando el Cerro de Cal.

Por esos días el calor era sofocante, y al caer la noche los mosquitos protagonizaron el primer combate de la recién instalada tropa.

A la logística le faltó calcular para las noches quinfangodianas, mosquiteros de campaña... Pero ¡ay del cubano que no invente!, en eso somos proverbiales.

No miento si digo que eran oleadas de mosquitos. ?Cómo hacer esas noches de calor y plagas, más placenteras?

Las innovaciones e inventivas llegaron con los “aniristas” de Bayamo que integraban el Pelotón de Seguridad. Cubrieron las camas, tipo casa de campaña, con las frazadas soviéticas, los mosquitos se evadieron, pero, ¿qué hacer con el calor?. Salían los orgullosos bayameses sudando a raudales.

Miguel, siempre dispuesto desde los días del polígono de Paso de Lesca, dio la solución cerca ya de la media noche.

-Caballeros, vamos a mojar las frazadas y las sabanas.

Y así fue, no cogimos tuberculosis de milagro.

La experiencia duró dos meses hasta que ante el reclamo llegaron desde la isla.

En Angola las temperaturas oscilan entre 40 y 43 grados Celsius, realmente insoportable para nosotros que con 35 se acaba el mundo. Pero no solo esto, los aguaceros duran días, en el norte lo pude comprobar. Cosas de las latitudes y longitudes. Cosas de natura.
En el Quinfangondo donde nos encontrábamos, los días comprendidos del 23 de octubre, cinco, diez y quince de noviembre del año anterior, se protagonizaron violentos combates que dieron al traste con el deseó de las bandas de Holden Roberto (3) y Jonás Savimbi (4) de tomar Luanda y frustrar la independencia de la nueva República Popular de Angola.

En estos combates se estrenó nuestra artillería reactiva, “Las Cachitas”, esas máquinas de guerra montadas en camiones ZIL con cuarenta tubos que lanzan proyectiles reactivos y hacen verdaderos destrozos donde caen. Ellos hicieron retroceder al enemigo. Tal fue el pánico que se desató en las filas contrarias después de la actuación de ellas, las legendarias BM 21 (5), que la avanzada, situada junto al puente de la Laguna Panguila, al retirarse, ni siquiera atinó a volarlo, lo que por su puesto facilitó posteriormente el avance de nuestras tropas en dirección norte.

En la batalla de Quinfangondo, el enemigo sufrió más de trescientas bajas entre muertos y heridos y perdió entre 30 y 40 por ciento de sus carros blindados. Prisioneros capturados y entrevistados por nuestra inteligencia militar, a cuyas actas tuve acceso por cuestiones de servicio, declararon que al caer los proyectiles de las BM 21, corrieron incluso hasta los jefes de las unidades atacantes, cuestión muy significativa, pues fueron precisamente esos jefes quienes habían emitido solo unos días antes la orden de fusilar en el acto a cualquiera que retrocediera.
En marzo visitó nuestra unidad el Comandante N´Dalu, moreno alto, de ojos inquisidores y hablar jacarandoso. Había estudiado en nuestro país, ocasión en que figuró como miembro del equipo nacional de balompié en varios eventos internacionales. N´Dalu, formaba parte de una masa de jóvenes que se superaba en otros países para luego servir mejor a su patria.

Esa mañana el capitán Wilfredo Domínguez Kindelán, Jefe del Regimiento de Infantería Motomecanizado, se encontraba en la Misión Militar Cubana en la localidad de Futungo, por lo que tuve que dar el primer saludo a Antonio Dos Santos Franca y agradecer su donativo de un balón para la práctica del fútbol.

N´Dalu se dirigió al portón, al lado del limondeiro, hizo gestos en el aire y por fin nos dijo: “ Allí en aquel refugio se instaló el Puesto de Mando Conjunto Cubano-Angolano para la batalla de Quinfangondo, fueron cruentos combates, pero siempre se impuso la lógica y el patriotismo”.

A la platica ya se habían acercado un grupo de trabajadores políticos, mientras el Jefe del Estado Mayor regimental, mayor Planas Vega, ocupaba mí lugar de anfitrión.

El comandante FAPLA con su sonrisa característica, aún en momentos difíciles, nos condujo por los vericuetos de la guerra y nos dio su significado de Quinfangondo como hecho de armas.

“Primero, expresó secándose el sudor con las manos, por primera vez las tropas cubanas y angolanas actuaron juntas, logrando una victoria rápida, que permitió el traslado para reforzar el frente sur, como el caso de la primera compañía de ropas Especiales del Ministerio Cubano del Interior, que luego estuvo victoriosa en Ebo. Y segundo, el pueblo ratificó su convicción de que cuando se lucha por su liberación, la victoria es siempre posible. Además y muy importante, se materializó el internacionalismo en su forma más pura, a la vez que la moral de los fantoches y mercenarios se deterioró”.

“Por ejemplo,-retomó el dialogo, después de dirigir el brazo en varias direcciones, como si estuviera frente a un gran mapa, ante una decisión de batalla- en el combate del día 9, el enemigo realizó fuego exploratorio con una pieza de 140mm, que hacía disparos en varias direcciones. Nuestra apreciación para entonces fue que se encontraban en el preludio de un ataque aún más fuerte que los anteriores, y así fue. A las 04.30 horas del día 10, comenzó la preparación artillera, que mantuvieron hasta poco después de las 09.00 horas, cuando se decidieron a iniciar el avance de la infantería, precedida por los blindados, casi al descubierto, por lo que fuimos batiéndolas de forma escalonada; pero ellos recibían tropas frescas que concentraban en aquella granja avícola, maniobra que nuestros exploradores descubrieron de inmediato”.

“Fue entonces cuando las BM 21 entraron en acción por primera vez en este país, con una batería que llegó el día anterior vía marítima. La primera salva se hizo contra la altura del Cerro de Cal y sus inmediaciones, con lo que se silenció el fuego de la artillería enemiga, mientras que la segunda y tercera salvas se lanzaron sobre la granja avícola, donde ,- como dije- estaba concentrada la tropa de refresco. El corre-corre fue grande, y el ¡ay mí madre!, se escuchó en Cunene”.

Las visitas de N´Dalu siguieron hasta el mes de junio, cuando partimos en importante misión al Frente Norte.

Finalizada la ofensiva en todos los frentes de guerra, a nuestro regimiento, que había permanecido como reserva del Jefe de la Misión Militar Cubana en Angola y del Alto Mando de las FAPLAS, se le dio la responsabilidad de la defensa y seguridad de la capital angolana.

Entre añoranzas, deseos de estar en la primera línea y viajes diarios a Futungo de Velas, transcurrieron los días.

De Cuba traía la encomienda de localizar a una vieja amiga de la familia, que desde 1970, luego de graduada de arquitecta, se casó con un joven Angolano estudiante de derecho. Desde entonces la obsesión por encontrarla había sido dilema de cada día. La rua José Pereira Do Nacimiento número 15 jamás pude encontrarla, pero las casualidades son casualidades.

Cierto día de mayo, realizando la ruta obligada de cada jornada: Quinfangondo, Luanda, Futungo, decidimos transformar el recorrido. Pancho, un abesado motorista mayaricero y yo, convinimos en recorrer el casco histórico.

Las calles marcadas cerca del museo y la iglesia Nuestra Señora de Fátima, con sus calles adoquinadas, envueltas en cocoteros y olor a salitre, de edificios coloniales con abundancia de estilos: bizantino, jórico, dónico en sus eclécticas construcciones, fue el lugar elegido para visitar.

En eso estábamos, cuando una joven, salida del cielo, con la gracia sólo permitida a las mujeres de mí tierra, hizo su aparición por un costado de la Santa Fátima. Solo una cubana sería capaz de esa envoltura. Pancho, jodedor, dicharachero, al estilo de los que abunda en su Mayarí, lanzó en “cubano puro”, sin adobes castellanos, un piropo donde mezclaba lo mejor de nuestra jerga pueblerina. Cuando me pasó por delante y se detuvo un metro más allá para retratarnos, identifique a mi buena Belén, que tanto había buscado, y que no veía desde 1969.

Luego de estar segura y ya con lágrimas imposibles de limpiar, me preguntó si era el hijo de Ramona y Alfonso. Un abrazo largo fue toda mí respuesta. Ver a un ser querido, un amigo o simplemente un conocido a 12 mil kilómetros de la tierra, no es cosa de juegos.

Su pelo no era el mismo castaño claro que conocí en el Cueto de su adolescencia, ni en la escalinata de su juventud; su boca despedía un hálito desconocido para otros, pero para nos, era el simpático gorrión.

La cita quedó pactada para el domingo siguiente en la calle José Texeira y no Pereira,- ahí radicó la confusión- y pensar que le pasé por delante muchas veces.

Dos días después, Chacón, el Secretario de la UJC, nos encomienda la tarea de elegir 25 militantes destacados en todas las unidades del regimiento, para que esa noche, como estimulo, asistieran a la premier de la Jornada de Cine Cubano en Angola.

La cartelera se componía de una intervención de un especialista de ICAIC, cuyo nombre no recuerdo, y el estreno del documental MAKEVA, siguiéndole para concluir, el filme Las Doce Sillas.

En Angola; como antes en Cuba,-los cines cuentan con intermedios entre películas, por eso, al finalizar MAKEVA(6), salimos a fumar y conversar. A un lado, rodeado por militares y civiles angolanos y cubanos, estaba el Jefe de la Misión Militar Cubana, comandante Abelardo Colomé Ibarra y su segundo, el también comandante Rogelio Acevedo González.

Una mano femenina tapó mis ojos y luego azuzó los cabellos, era Belén. Esa noche me pareció verla más hermosa y contenta que 48 horas antes. Me invitó a seguirla para presentarme a su esposo que ahora conversaba con Colomé. Mí saludo y presentación traté de hacerlo en perfecto portugués.

-Bon noite camarada, muito contento de falar y coñocer a bose-. No me dejó concluir, entre risas me dijo. “- No chives primo, hablemos español que te es más fácil. Ah , mí nombre Paulo Jorge, y estoy a su entera disposición”

No se si fue miedo, pánico, pena o rubor lo que sentí al saber de quien se trataba. Trigueño, calvo y con ademanes sencillos, Paulo era el jefe de la diplomacia del gobierno de Neto y secretario para las relaciones internacionales del Movimiento Popular de Liberación de Angola, MPLA. Fue él quien durante 1975 expuso ante el mundo los verdaderos objetivos de Zaire y su camarilla fantoche.

Su voz había resonado en noviembre en las Naciones Unidas denunciando la invasión de tropas zairotas y sudafricanas en varios puntos del país. Estudió en Cuba y pasó junto a Belén cumpliendo importantes misiones del MPLA, tanto en las selvas angolanas, como en el exterior.

Sábado, 21 de Enero de 2006 15:39

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